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Apuntes de un diario de vida

 
En memoria de…

 

Es primera vez que escribo para Alumni. Es primera vez que escribo estos recuerdos  y lo hago desde la memoria del afecto, la gratitud y el amor. Un discípulo cuando escribe sobre su maestro lo hace desde el alma.

Esto no es un ensayo, ni un texto académico, ni crítica literaria. Son remembranzas de un proyecto que lleva el nombre de “Apuntes de un diario de vida”.

 

Yo no conocí a Jorge Teillier, pero lo conocí. Digo que lo conocí al leer una  y otra vez sus poemas en especial su  antología “Los dominios perdidos”. Esta selección de sus textos,  realizada por Erwin Díaz, me llevó a buscar sus otros libros, a pensar en él, a leerlo en silencio y en voz alta, a compartir sus poemas con mis amigos y amigas, a subir algunos de sus textos en facebook  y a leerlo, sobre todo, con mucha admiración.

 

Siempre me gustó su poema “cuando yo no era poeta”, creo que me siento bastante identificado con estos versos, porque fue un amor/desamor lo que me acercó a la poesía,  interés que mi maestra reafirmó.

 

Una de las traducciones de “Cartas a un joven poeta” de Rilke comienza de esta manera: “Cuando un príncipe habla, hay que guardar silencio”, pienso que estas palabras  se encarnan  de manera perfecta en Jorge Teillier.

 

Jorge Teillier y yo nunca hablamos, nunca estuvimos juntos, pero sé que hablamos, sé que nos unen muchas cosas, sé que él era dueño de  esa mirada poética que tienen  los poetas que son y no son de este mundo.

 

Tal vez muchas personas no saben, pero este 2016 se cumplieron 20 años desde que él viajó  al “mudo corazón del bosque” de la eternidad.

 

Creo que solo hablé dos veces con Gonzalo Rojas, pero no lo conocí.  Claro, he leído sus poemas,  me gusta mucho su libro “Contra la muerte”, pero en el fondo nunca lo conocí. Y ahora que están sus obras completas espero leer y releer su Poesía. Un gran amigo, Rodrigo Verdugo Pizarro,  me contó que “el poeta del relámpago” tendría, en diciembre, 100 años de edad.

 

Pienso que en algunos aspectos de mi propia vida soy muy afortunado y en otros para nada. Me ha tocado la suerte de conocer a muchos poetas chilenos, los he leído, visitado y admirado: Armando Uribe, Ludwig Zeller, Nicanor Parra, Efraín Barquero, Raúl Zurita, Hernán Ortega Parada y otros, pero por sobre todo Stella Díaz Varín.

 

Yo conocí a Stella Díaz Varín; nosotros, los integrantes del Grupo Derrame, conocimos a Stella Díaz Varín: Fue maestra y amiga.

 

Tengo pésima memoria, pero es difícil que olvide agosto de 1996, es difícil. Todavía recuerdo vivamente que Aldo Alcota y yo fuimos a la Universidad Católica por un homenaje a Federico García Lorca, donde se mostraban algunos de  sus dibujos originales.

 

Ese día, 20 de agosto de 1996, sería decisivo para mí. Allí veo por primera vez a Gonzalo Rojas, pero no sólo estaban los dibujos de García Lorca y el poeta chileno, sino que parte importante de mi futura formación como poeta.

(Recién me acaba de visitar Rodrigo Viveros, hijo de Stella, él me cuenta que ahora en agosto se cumplen 80 años del asesinato de Federico García Lorca).

 

Por ‘un azar objetivo’,  como dicen los surrealistas, Aldo Alcota y yo vemos por primera vez a Stella. Mi amigo y yo estábamos hablando y saludando al poeta Juvencio Valle, un poeta que ya pocas personas leen, un poeta casi desconocido para los jóvenes de hoy, un poeta que se fue apagando después de cumplir 99 años.

 

Juvencio Valle, un poeta que fue compañero de banco del colegio de Pablo Neruda en Temuco, y al que Neruda  llamó “Silencio Valle”. Un poeta que escribió libros como “Del monte a la ladera”; “Pequeña estación al atardecer” y “El hijo del guardabosque” (libro que me dedicó/firmó un día en su casa).  Un poeta que ganó el Premio Nacional de Literatura en 1966, un poeta que me dijo que yo era poeta.

 

Entonces, volvamos a Stella. Juvencio Valle estaba en su silla de ruedas y nosotros saludando a ese hombre que vivió toda su vida por la poesía. De repente se acerca una mujer, y le entrega una plaquette, intercambian algunas palabras que no escuché bien y ella le quita el pequeño librito y se va. Es Stella Díaz Varín con su voz ronca y su presencia monumental.

 

Aldo y yo nos quedamos sorprendidos por la energía, la potencia, la fuerza de aquella mujer, Aldo me dijo que ella era “la mujer volcán”.  En esa época en la Universidad Andrés Bello, donde estudiábamos periodismo, solían hacer clases Teresa Calderón, Alicia Salinas y Floridor Pérez, pero nunca, nunca en nuestras vidas nadie nos había impresionado tanto.

Stella Díaz Varín fue fundamental para nosotros, fue fundamental para el Grupo Derrame. Fue fundamental para Aldo Alcota, Roberto Yáñez y quien escribe estas líneas. Stella nos enseñó todo.

 

Muchos jóvenes de entonces se acercaban a Stella, sabían de ella, admiraban su poesía y valentía. Héctor Hernández, Piero Montebruno, Javier del Cerro y Javier Bello, entre otros. También Alejandra Costamagna, Elvira Hernández, Andrés Morales y otros intelectuales, que no recuerdo en este momento, apreciaron de verdad a Stella y su obra.

 

Stella siempre fue consecuente con sus valores, su vida era totalmente poética,  tenía una inteligencia notable y era muy culta. Se quedó en Chile en los momentos más difíciles, en “los tiempos del asco” como ella se refería a la dictadura.

 

Algunas personas la evitaban, cruzaban la calle al verla, la negaban, ella se refería a esa gente como de “la raza asustadiza”. Esa misma gente ahora habla de ella, la llena de elogios. (Sin comentarios)

 

Publicó sólo cuatro libros: “Razón de mi ser”; “Sinfonía del hombre fósil”; “Tiempo, medida imaginaria” y “Los dones previsibles”, pero de seguro Stella siguió escribiendo, tal vez dejó textos inéditos. Podría decir muchas cosas de ella y sobre su obra, pero este texto es sólo el principio de muchos.

 

Stella es fundamental para la poesía chilena, es cosa de leer su “Obra Reunida” y ver el documental “La colorina”.

 

Hoy es jueves, jueves 11 de agosto. Feliz cumpleaños Stella. Feliz noventa años.

 

 

*El Grupo Surrealista Derrame está formado por Aldo Alcota, Roberto Yáñez, Rodrigo Verdugo Pizarro, Enrique de Santiago, Magdalena Benavente, Carlos Sedille, Miguel Ángel Huerta,  Braulio Leiva y Rodrigo Hernández Piceros.

**Rodrigo Hernández Piceros es Periodista UNAB, gestor cultural y poeta. Ha publicado el libro “La perseverancia del Sueño” y las plaquettes “En víspera de lo primitivo” y “Pasajero de la eternidad”. Es uno de los fundadores de Dharma Comunicaciones y en la actualidad se encuentra trabajando en un libro de entrevistas a maestros de Filosofía Védica y un libro sobre Armando Uribe. Algunos de sus poemas han sido traducidos al inglés, francés y holandés. Es aspirante a discípulo de SS Hanumatpresaka Swami. Su correo es   argonauta21cl@yahoo.com