Cristóbal Correa


LOS ARQUITECTOS CHILENOS ESTAMOS PREPARADOS PARA GRANDES DESAFÍOS”

                                                                                                

Motivado por un profesor de la Universidad, este arquitecto se apasionó con el tema de la arquitectura sustentable, tanto que en 2008 consiguió trabajar en la oficina de Norman Foster, donde se dio cuenta del nivel de los arquitectos nacionales.


Fue en la Universidad donde Cristóbal Correa se entusiasmó con el tema de la arquitectura sustentable. “Gracias a un profesor que era uno de los capos en esta materia, me empecé a interesar en el tema y luego decidí que mi proyecto de título lo haría precisamente de sustentabilidad”.


Luego de terminar sus estudios, Correa decidió seguir aprendiendo sobre cómo maximizar los recursos naturales a través de un buen diseño y pensó en estudiar en el extranjero. “Esa fue mi idea inicial, pero después decidí que lo mejor sería trabajar con los que realmente son líderes en arquitectura sustentable”

Casi sin pensarlo mucho pero con la fuerte convicción de que quería trabajar en la cuna de la arquitectura verde, envió su currículum a Foster and Partners, oficina que lidera el inglés Norman Foster, reconocido en todo el mundo por sus obras innovadoras y por su preocupación con el medio ambiente. “Mis amigos no creían que yo fuera capaz de enviar un currículum a una de las más reconocidas oficinas de arquitectura en el mundo y me decían si de verdad pensaba que podían llamarme… y la verdad es que yo sentía que nada perdía“


Y efectivamente fue así, porque al cabo de unas semanas lo llamaron para hacerle una entrevista vía telefónica; luego pasó a la segunda entrevista, también por teléfono y en la tercera etapa ya lo llamaron para decirle que la última entrevista era en Inglaterra. “Fue un proceso largo, de tres meses. De 500 arquitectos que se presentaron inicialmente se decidieron por dos y uno de ellos era yo”.


Cristóbal no lo podía creer, iba a trabajar en la “mejor escuela que existe de sustentabilidad en el mundo”. Así es con camas y petacas armó sus maletas y partió a Europa. Ahí trabajó en dos proyectos que lo tuvieron de cabeza casi las 24 horas del día “el más importante para mí fue la construcción de una ciudad en el desierto para 60 mil personas. 

Un proyecto innovador y en el cual me di cuenta de que los arquitectos chilenos están preparados para asumir desafíos internacionales”.


Luego de casi dos años de trabajar con Norman Foster, Cristóbal sintió nostalgia por su familia y se replanteó su permanencia en Londres.“Llevaba mucho tiempo prácticamente no tenía tiempo para pensar en nada más que no fuera trabajar”.


Sin pensarlo Correa regresó a Chile, feliz de trabajar en el “Olimpo de la arquitectura sustentable” y con la convicción de hacer de nuestra cuidad una lugar más amigable con sus habitantes y con el medio ambiente.