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El Precio de la Confianza

Las relaciones entre los seres humanos están regidas por la confianza, un concepto abstracto. Si vamos a comer a algún lugar confiamos que se respetarán las normas de higiene, entre otras. No podemos ver mucho, sólo podemos confiar. Confiamos en la policía, nuestros dirigentes y el mercado, etc.

 

Constantemente vemos transgresiones a la confianza en nuestro país  y en el mundo. En colegios, iglesias, retail, bancos, organismos del Estado. En nuestro país, la cosa no es muy distinta de lo que ocurre en otros lugares. Hay quienes proponen terminar con la economía de mercado para evitarlo. No sé por qué ello me recuerda el chiste de don Otto que vende el sofá porque su señora, en un exceso de confianza, lo engaña en su sofá. Además que cuando se suprimen libertades, la historia demuestra que quienes tienen el privilegio de suprimirlas, terminan sin excepción monopolizando el privilegio de hacer corrupción.

 

Para los mercados la confianza es un activo, un activo escaso y, por tanto, tiene precio. Si efectivamente, y sólo la confianza entre las partes, permite el comercio mundial y la actividad económica, es un resultado de la civilización.

 

Cuando los ahorrantes no confían en las instituciones financieras, no llevan sus ahorros en depósito. Los bancos entonces no pueden prestar y se paraliza la economía. También cuando los bancos no confían en que los préstamos otorgados serán recuperados, no entregan dinero a personas y empresas, con lo cual se paraliza la economía. La principal dificultad que tienen los planes de rescate a la banca y las inyecciones de liquidez que hacen los bancos centrales, para salir de una crisis como la actual, es que la piedra de tope está justamente en la confianza; técnicamente se hace la pregunta ¿cómo la liquidez va a pasar al sector real? Mientras no se resuelve, la economía sigue en un círculo vicioso en que la falta de confianza crece, las profecías pasan a ser autocumplidas, nadie hace nada, porque nadie hace nada. Es más, cualquier evento generador de desconfianza se magnifica en sus efectos y es más bencina para la hoguera.

 

Se han sucedido en esta crisis varias piezas maestras, la falsificación de información por parte de algunos países, los test de estrés a los bancos europeos han generado mucha desconfianza, pero el de hace una semana que pasó bastante desapercibido a “los no iniciados”, es lo que ocurrió con la tasa LIBOR, la tasa interbancaria de Londres. Lo de esta tasa se relaciona con el movimiento de fondos a nivel mundial en los mercados de deuda y de derivados, al punto que de algún modo se relaciona hasta con nuestra humilde tarjeta de crédito. Sí efectivamente, pues los bancos a través de sus mesas de dinero se “compran y venden” dinero por razones de liquidez, toda la confianza del mundo ha sido el privilegio histórico que se le ha otorgado. Los estados se financian a tasa LIBOR, los bancos y grandes empresas la utilizan en sus operaciones, esta tasa es luego canalizada hacia el resto de instituciones agregando los respectivos spread por riesgo, pasando por la mesa de dinero de un banco local termina en financiamiento de proyectos en pymes y en tarjetas de consumidores. Es común que una operación financiera o de comercio en moneda extranjera sea concretada con LIBOR + Spread. El caso es que se comprobó que los números que determinan esta tasa, estaban siendo falseados por sacrosantas instituciones financieras. La tasa se determina por una encuesta a las instituciones bancarias más prestigiosas e importantes del mercado británico, basado en la confianza que acumulan por siglos algunas, y el caso es que estaban mintiendo al dar una tasa más baja que la real, con el objeto de hacer más baja la LIBOR que a su vez, es la tasa en que tienen sus deudas, luego estarían sub pagando el costo del dinero, pues esta es una tasa flotante, ya que en los contratos se pacta una LIBOR a ciegas que se hace efectiva en su cifra al momento de pagar.

 

Se han hecho despidos, se han dado explicaciones, pero la confianza en el sistema definitivamente ya no es la misma. Ya salieron algunas tasas globales competidoras a disputar el sitial de la LIBOR ¿El activo confianza cambiará de manos?

 

La confianza puede llevar siglos construirla, pero en muy breve plazo se pierde. Es algo con lo que debe convivir el ser humano, y comienza desde la libertad.

 

 

Víctor Valenzuela Villagra

Economista UNAB