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¿Política Económica o Economía Política? ¿Quién manda a quién en América?

La crisis económico-política no es monopolio del Viejo Continente: Estados Unidos, que hasta pocas semanas daba por sentado que Barack Obama era reelecto, hoy ve con riesgo la eventualidad de perder ante el mormón y Conservador Mitt Romney.

 

Las encuestas están cada ves más revueltas. Mientras tanto la economía no logra una real recuperación, el empleo se estanca y Wall Street, cae en picada. Las posibilidades del hombre del “Yes We Can” parecieran tener una vida corta.

 

Estados Unidos es el fiel reflejo de como la Economía mueve la política. Si Obama logra revertir las cifras negativas, e incrementa el empleo, su permanencia el la Casa Blanca está casi asegurada. Pero si no, deberá desalojar el Salón Oval en enero próximo. Su gran amenaza no es Romney, es el tiempo, el reloj que corre muy rápido y ya a cinco meses de las elecciones, nada augura que pueda demostrar que la economía ha mejorado. Si eso no sucede, se termina la presidencia del primer afroamericano en la historia norteamericana y lo que es peor, como dicen los gringos, el presidente que no es electo no es realmente presidente (como Carter y Buch padre).

 

La economía en este caso mueve la política. ¡Qué oratoria, qué discursos, qué empatía!. Las cifras son las que importan. La sociedad norteamericana quiere resultados que le permita mejorar su calidad de vida y si el Presidente no lo logra, entonces que pase el siguiente. Frío, duro y hasta cruel, pero cierto.

 

Latinoamérica no ha estado exento de ello. En México pareciera que, de la mano de Enrique Peña Nieto, vuelve el PRI al gobierno después de doce años de ausencia en el poder. Sin embargo, cada día algunos estados específicos del país se transforman en tierra de nadie o en reductos del narcotráfico, donde gana no sólo es más fuerte, sino el más cruel.

 

Así vemos al cartel del Golfo o a los Zetas acribillar sin piedad a sus opositores. Las imágenes de los nueve cuerpos colgados en la frontera con Estados Unidos son elocuentes. En el caso mexicano, el tema trasciende la política y la economía. Es un problema de defensa y seguridad ciudadana, hoy claramente a la deriva o en muchos casos lisa y llanamente a la suerte.

 

Un poco más al sur (Centroamérica) el enredo es mayúsculo. Países como Panamá y Costa Rica avanzan al desarrollo, pero sus vecinos como El Salvador, Honduras y Guatemala, por nombrar algunos, siguen estancados. En el caso de Honduras, derecha y dolorosamente se ha desatado un caos político. Como puente terrestre de la droga, este país rico en playas, plátanos y café, está sumergido en la delincuencia, el narcotráfico y el terror. Hace un par de semanas asesinaron a un periodista por el sólo hecho de sincerar esta situación por televisión.

 

Ya al norte de Sudamérica el escenario tiene de dulce y de agraz. Mientras Colombia sigue en la senda del desarrollo, ahora de la mano del presidente Juan Manuel Santos, quién incipientemente ha logrado transar con las Farc y además capturar a parte importante de sus cabecillas; también ha logrado capitalizar el desarrollo económico de su antecesor Álvaro Uribe.

 

Sin embargo su vecina Venezuela no da pie en bola. Libertad de prensa censurada, canales de televisión cerrados, economía devastada, delincuencia, etc, etc, etc, y como guinda de la torta, un presidente que padece de un cáncer terminal y que dirige el país vía twitter. ¿Hay sucesor del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV)? Las apuestas están echadas entre el hermano, la hija de Hugo Chavez o el Canciller Maduro. Por el otro lado, por fin la oposición logró alinearse y lleva un solo candidato Henrique Caprile. El resultado lo veremos en octubre próximo. Una cosa es el veredicto y otra el reconocimiento del mismo.

 

Perú reemplazó al centro político de Alan García por un izquierdista renovado como es Ollanta Humala, quién se alejó de Venezuela y se alió a Brasil, sacándose finalmente la polera roja para reemplazarla por una camisa y un discurso conciliador y moderado. A un año de ello los pronósticos pesimistas han cambiado y se mira con más tranquilidad a la política-económica peruana. El problema latente, -aunque disminuido en el último tiempo- sigue siendo el Sendero Luminoso que hace semanas se atribuyó un atentado con lamentables pérdidas humanas.

 

Su vecino Bolivia es tema aparte, narcotráfico, huelga de la salud, de los transportistas, de la Central Obrera Boliviana (COB), sólo por nombrar algunas. La solución es siempre la misma: demanda por salida al mar. Como dice el refrán “pan y circo, y si no tenemos pan, entonces circo”.

 

Brasil, ha logrado mantener en gran medida la estabilidad que le dejó a la presidenta Dilma Rousseff, su antecesor Lula da Silva. Pese a ello, los escándalos de corrupción en los ministerios han terminado con siete de ellos fuera del gobierno, casi todos vinculados con escándalos relacionados con el mundial de fútbol y las olimpiadas a celebrarse en el país Carioca el 2014 y 2016 respectivamente.

 

El panorama político se ve algo claro, el económico un poco más oscuro. Por su relevancia como potencia mundial, los que suceda en Europa repercute inevitablemente en en país de las Caipirinhas.

 

Y más al sur caemos en Argentina: un tango, una historia de recovecos con atisbos de ficción. Una presidenta electa recientemente y que ha caído muy rápido en su popularidad y que no ha encontrado mejor manera de revertirla, que ensañarse contra Inglaterra por las Malvinas, al igual que Perú y Bolivia con Chile.

 

Cada vez que la popularidad decrece echan mano al recurso de la reivindicación

 

territorial. Como a Argentina no le dio buenos resultados, optó por expropiar IPF, populismo puro de corto plazo. Lo claro es que lo más probable es que vamos prontamente una caída vertiginosa de la economía bonaerense. Las protestas están empezando a masificarse, el descontento también al igual que la impaciencia de los acreedores. Es sabido que el IPC oficial equidista mucho de lo que viven día a día nuestros vecinos del otro lado de Los Andes. La economía está matando la política.

 

Finalmente Chile, que después de 20 años de Concertación pierde ante la derecha y, pese a tener resultados macroeconómicos envidiables para muchos países del orbe, la realidad microeconómica es diametralmente opuesta. El gobierno y su presidente Sebastián Piñera gozan de la mayor impopularidad en nuestra historia. Hoy supera levemente el 30% de popularidad. Hay empleo, educación y salud, pero de mala calidad. Y aunque IPC está controlado, el denominado “IPC de los Pobres” sube considerablemente más que los sueldos y ahí ya hay un gatillante del descontento social. La canasta básica no puede ser cubierta por los sueldos de los trabajadores y se genera un sinfín de manifestaciones de las más variadas índoles.

 

¿Pero por qué en América pasa eso? Es clave el escenario económico, pero a diferencia del Viejo Continente, acá los caudillismos tienen mucho que decir. No es tan claro delimitar quién es primero si es le huevo o la gallina, si es la economía o la política. Aunque la base tiene un origen financiero, el fondo radica más en un descontento social a las medidas políticas adoptadas y que a la luz de lo que hoy sucede en el mundo, esto recién comienzan. Y ello trasciende a los gobiernos de izquierda, centro o derecha. En este caso es una línea tan delgada que cuesta visualizar quién manda a quien en América.