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Transparencia: En buena hora

En estas últimas semanas hemos conocido críticas sobre el proceso inédito que ha llevado adelante el Ministerio de Educación en orden a publicar información relevante de los estados financieros de las instituciones de educación superior.

 

 

Las críticas básicamente se han referido a “la forma” en que esta información se ha dado conocer a la opinión pública, pero poco se ha hablado de lo crucial que resultará para el desarrollo del sistema esta medida de transparencia. El primer informe presentado por el organismo reflejó el panorama general financiero de la educación superior a través de los ingresos, resultados e inversiones de las distintas instituciones. Dentro de las principales conclusiones destaca que nuestro sistema educacional está en crecimiento y que, en general, muestra resultados positivos, ya que las instituciones públicas y privadas están invirtiendo fuertemente en sus proyectos educativos.

 

 

En tanto, el segundo informe detalló el panorama de los ingresos, los gastos y las transacciones con empresas relacionadas por parte de las universidades chilenas. La información presentada por el ministro de Educación, Harald Beyer, muestra que prácticamente todas las universidades tienen transacciones con empresas relacionadas, reflejo de la complejidad del sistema y de cómo se han organizado las instituciones históricamente.

 

 

El que hoy por primera vez este tipo de información sea pública significa que la autoridad se hizo cargo de exigencias que la sociedad ha hecho por una mayor transparencia. Estas exigencias abarcan no sólo a la educación superior, sino que también a una amplia gama de asuntos que las personas consideran “públicos” porque les atañe y les afecta, para bien o para mal, en sus vidas. En este caso particular, el ministro Harald Beyer recogió una demanda propia de las comunidades académicas y estudiantiles, de las familias y de los futuros alumnos, de los medios de comunicación y del Congreso. En buena hora. En caso contrario, seguirá existiendo el ambiente de sospecha y duda que se ha instalado en el último período y que tanto daño ha infligido al sistema. La falta de transparencia de una actividad reglamentada por la ley y supervisada públicamente, como es la educación superior, condujo a la impotencia de la autoridad y a una visión negativa y errada por parte del público sobre el sistema en general. Por lo tanto, si para regular el Mineduc consideraba que no tenía la suficiente información sobre un aspecto crítico de las instituciones, como es su situación financiera, era su deber pedir más información. En este contexto, darla a conocer a la ciudadanía aparece como imprescindible.

 

 

Durante estos dos años la educación ha estado en el centro de la agenda social y política, como hace décadas no ocurría. Ésta es una oportunidad única para avanzar y realizar reformas de fondo al sistema. Al ser Chile una nación de ingresos medios y que aún tiene carencias en diferentes ámbitos críticos de la vida de las personas, es probable que en los próximos años el debate público se centre en cómo abordamos la provisión de otros bienes públicos. En ese sentido, lo más probable es que la educación dejará nuevamente de serla prioridad. Porello se vuelve relevante llevar adelante una sana discusión sobre la educación que queremos para nuestros jóvenes y niños. Entre los aspectos esenciales de un sistema reformado se encuentran los mecanismos que facilitan mayor información a la ciudadanía, más transparencia y una efectiva supervisión por parte dela autoridad. Dichode otro modo, concretar de manera efectiva los proyectos de ley e iniciativas pendientes que apuntan en esa dirección, como por ejemplo la creación de una Superintendencia de Educación Superior u otro organismo que genere un marco regulatorio para todo el sistema. Una sana discusión pública requiere información y transparencia, ya que es la única forma de abrir la mente y despejar prejuicios que hoy recaen sobre el conjunto del sistema.

 

 

De lo contrario, es probable que retrasemos el cambio hacia un modelo que permita mejorar la calidad y las condiciones de acceso a los estudiantes. Sin duda, se podrán discutir aspectos de forma y corregir imperfecciones en la publicación de los informes financieros, pero de lo que debemos hacernos cargo quienes dirigimos instituciones de educación superior es que éste sea un paso irreversible en una sociedad que exige conocer en profundidad las materias públicas y elegir por ella misma de manera informada. En definitiva, éste ha sido un gran paso.

 

Pedro Uribe

Rector Universidad Andrés Bello