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“Una golondrina no hace verano”

Pareciera que el gobierno ha logrado sortear con éxito un verano, que aunque menos complejo que los anteriores, sí ha tenido unos cuantos hechos para el olvido. El primero de ellos fue el atentado incendiario en Temuco. No es un misterio para nadie que hay una crisis importante en la Región de la Araucanía, que terminó con el cruento asesinato del matrimonio Luchsinger-McKay. Hecho detestable en una sociedad como la chilena en claras vías al desarrollo.

 

 

Pese a ello, el gobierno celebró la detención de Emilio Berkhoff por considerarlo el responsable intelectual del atentado. Días después, la Corte de Apelaciones de Temuco revocó la medida cautelar de prisión preventiva y la reemplazó por la de arresto domiciliario y arraigo nacional. Ante esto, el gobierno llenó de críticas al poder judicial, siendo que este último tiene como objetivo aplicar las leyes que los parlamentarios han hecho, situación que tanto el presidente Piñera como su ministro del interior Andrés Chadwick, saben por ser ambos ex senadores. Otro desacierto de celebrar sin un sustento policial y jurídico que los avale.

 

 

Otro error, ya con rasgos de reiterado y constante es el desacierto comunicacional y de manejo político, fue en torno a la figura del director de Impuestos Internos (SII), Julio Pereira. Pese a no ser, según la Contraloría, responsable del mega perdonazo a la multitienda Johnson’s, donde sí cayeron sus subalternos. Paradójico fue que la jefatura se mantuviera, pese a que se demostró tamaña irregularidad. Existían, además, otros antecedentes de situaciones que aunque quizá no sean ilegales, sí por lo menos tienen una línea ética cuestionable, como la contratación de la asesoría de una empresa de comunicaciones por $35.000.000 y el arriendo de terrenos a Cencosud por más de $20.000.000.

 

 

La manera como el gobierno llevó estos casos son dignos de análisis académicos. Comunicaciones poco asertivas, dubitaciones entre los ministros de palacio, críticas de la propia Alianza por el mal manejo, por nombrar algunos, no hacer más que confirmar que esta crónica, con ribetes de roja, podría haber terminado mucho antes y no llegar al punto en que el hilo se corte o quede tan delgado que sea imposible de arreglar. Esto hace recordar el caso de Ravinet, Von Baer, Hinzpeter, por nombrar algunos que sólo han salido cuando ya opinión pública y las críticas no daban más.

 

 

El último caso emblemático es el de los tres soldados bolivianos. ¿Era necesario dilatar tanto el tema, llevarlos a juicio, para finalmente expulsarlo por la vía rápida? ¿Era oportuno tensionar las relaciones diplomáticas a tal límite, facilitándole a Evo Morales, incrementar su decaída popularidad a costa de nosotros y, de pasada, repostularse a un nuevo período presidencial?

 

 

No es misterio que el presidente Morales comunicacionalmente equidista mucho de lo que uno esperase del gobernante de una Nación, pero al entrar en ese juego de dimes y diretes, Chile termina cayendo en las mismas malas prácticas, tan ajenas a la diplomacia y del espíritu que las inspira.

 

 

Según los expertos en el tema, lo más lógico era que el gobierno firmara un decreto de expulsión y así evitar todo este mal entendido, confusión y pugnas entre vecinos a través de la prensa. Nuevamente se estiró el elástico al punto de casi romperse.

 

 

Puede que los datos de la encuesta Adimark sean auspiciosos, pero mientras el gobierno siga cayendo en estos tradicionales ripios comunicacionales, es posible que lo prometedor de la encuesta no sea más que pasajero. No nos olvidemos que “una golondrina no hace verano”.