Académica UNAB reconocida como una de las “Mujeres Líderes 2020” de nuestro país | Alumni | Dirección de Egresados

El Coronavirus se quedó con la agenda de todo el 2020 y los profesionales de la salud se convirtieron en protagonistas.

La edición 2020 de “100 Mujeres líderes” de “El Mercurio” y Mujeres Empresarias se enfocó en visibilizar a mujeres que, en cinco áreas, son una muestra del enorme aporte femenino al combate contra el Covid-19 y sus efectos.

En el ámbito de la salud, que contó con la colaboración del Colegio Médico de Chile, fueron 20 las seleccionadas por un jurado mayoritariamente femenino, de un total de más de mil nombres postulados por los lectores del diario.

Una de las ganadoras fue Catalina Cano, académica de la Escuela de Química y Farmacia de la U. Andrés Bello y parte de la directiva nacional del Colegio de Químicos y Farmacéuticos de Chile. La experta en salud pública se involucró activamente durante la pandemia en la campaña “Mascarilla 19”, que se enfoca en la lucha contra la violencia hacia la mujer, problema crítico de este período. Una de sus grandes preocupaciones ha sido aportar al desarrollo de políticas públicas para mejorar el acceso a medicamentos esenciales en el contexto de pandemia y en ver la farmacia como un centro de salud.

Catalina Cano

¿Cuál fue su impresión al ser considerada como una de las mujeres que más ha aportado a Chile durante este periodo?Ha sido una noticia inesperada, que recibo con alegría y humildad. Este reconocimiento lo comparto con mis queridas colegas químicas farmacéuticas que durante todos estos difíciles meses de pandemia han liderado iniciativas notables para acercar los medicamentos a la población. De alguna manera, el premio permite visibilizarlas a todas, en su multiplicidad de roles: implementando dispensación de medicamentos a domicilio en todos los rincones de Chile, redoblando esfuerzos para asegurar abastecimiento de medicamentos esenciales en hospitales, centros de atención primaria y farmacias comunitarias, en el ámbito clínico en el tratamiento de los pacientes, multiplicando los limitados recursos. Si bien estas acciones, las llevan a cabo por igual colegas hombres y mujeres, la profesión farmacéutica tiene un importante componente femenino, y el compromiso y profesionalismo de las mujeres farmacéuticas, me llena de orgullo.

Te has visto vinculada en el trabajo contra la violencia y el acceso a medicamentos durante este periodo, ¿Cuál ha sido tu motivación en lo personal?
Creo firmemente en el medicamento como un bien social, y en que los profesionales de salud, desde nuestros distintos ámbitos, debemos contribuir a superar inequidades en el acceso de la población a la salud y a los medicamentos. Desde el Colegio Farmacéutico, hemos estado trabajando intensamente en visibilizar a la Farmacia como un centro de salud y contribuyendo a que las políticas públicas en salud aborden las brechas existentes. Son esos principios: el acceso universal a la salud, y el avanzar hacia un sistema de salud más equitativo, una de mis principales motivaciones personales y profesionales. Por otra parte, la violencia de género es un doloroso problema social, que requiere una respuesta firme y solidaria de todos. El que se esté considerando a las farmacias como un espacio seguro al que las mujeres que están sufriendo violencia de género pueden acudir, es una iniciativa muy valiosa.

Como académica, ¿Qué podrías transmitirles a tus estudiantes respecto al trabajo que has realizado en este tiempo en salud pública, lo que te llevó a este reconocimiento?
Esta pandemia nos ha mostrado la importancia de la salud colectiva y del valor que cada actor tiene en la protección de nuestras comunidades. Me gustaría que los estudiantes pudieran siempre tener en consideración la vocación que los llevó a escoger su carrera, ese compromiso social que es propio de los profesionales de la salud, y estar dispuestos a trabajar en equipo y a poner todos sus conocimientos y habilidades a disposición de las personas, cualquiera sea el ámbito en que trabajen.

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