ORGULLO UNAB | Kinesiólogo relata su experiencia cercana a la muerte debido a estar intubado por COVID-19 | Alumni | Dirección de Egresados

Atendía pacientes hasta que se contagió con el COVID-19. Estuvo tres días intubado, temió sufrir un paro cardiorrespiratorio y después de un año de este duro momento, aún vive las secuelas del virus. Esta es la historia de Piero Rojas, un luchador que tras salir del hospital volvió a trabajar a la “primera línea” para salvar vidas.

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Piero Andrés Rojas Contreras se tituló en la Escuela de Kinesiología de la U. Andrés Bello en 2018. A sus 27 años, tiene una experiencia que no todos podrían relatar: como kinesiólogo estuvo en la “Primera Línea” en la lucha contra el COVID-19 y también estuvo en la batalla por sobrevivir tras contagiarse con el virus.

Actualmente, este joven se desempeña como kinesiólogo del CESFAM Alto Jahuel y PSR Los Morros, donde cumple funciones de Sala ERA-IRA, visitas domiciliarias y participa en la coordinación de las muestras de tipo búsqueda activa para detectar casos COVID-19 asintomáticos en el sector.

¿Cómo podrías definir tu experiencia durante este periodo de pandemia?
Mi experiencia en estos tiempos difíciles ha sido de dulce y agraz. Gracias a la necesidad de más profesionales de salud, logré encontrar trabajo rápidamente. Aunque al mismo tiempo que aumentaban los casos y, por consiguiente, el número de atenciones realizadas, el estrés se hacía presente y cada vez peor. En ese contexto, fue que fui adquiriendo más experiencia en el campo laboral de APS (Atención Primaria de Salud) lo que me permitió a la postre quedarme hasta el día de hoy como Kinesiólogo de CESFAM.

¿Qué ha significado para ti la pandemia tanto en lo profesional como en lo personal?
Desde el punto de vista profesional, creo que ha cambiado la forma en que me cuido de los agentes infecciosos en general, anteriormente pensaba que sería mucha mala suerte que un “bicho” de estos me atacara justo a mí, pero ahora me doy cuenta de que es totalmente factible infectarse y peor aún, complicarse. Desde lo familiar también se vio un cambio drástico, el miedo constante de mis papás a que me contagie con tanto contacto con usuarios con COVID. Eso trajo desgaste emocional, hasta el punto de aislarnos cada uno en sus habitaciones y perder toda la vida social dentro de casa.

“El calvario fue al despertar 3 días después de haber estado intubado. Con el tubo endotraqueal aun instalado, contenido de las 4 extremidades, sin poder hablar y muchas veces sin poder respirar por la acumulación de secreciones, en esos momentos fue cuando realmente sentí miedo de que podía entrar en paro cardiorrespiratorio y que mis colegas de turno no estuvieran ahí a tiempo para salvarme”.

¿Te sentiste en riesgo de muerte al contagiarte por COVID?
Cuando supe que mi PCR había resultado positiva, fue una sorpresa mayúscula porque mis síntomas eran compatibles absolutamente con una infección urinaria, así que fue como un baldazo de agua fría que me descolocó. Por suerte, nadie de mis contactos estrechos fue positivo así que por ese lado me sentí más tranquilo.  Inmediatamente después de conocer mi resultado, a través de Dirección de Salud de Buin se me gestionó una residencia sanitaria para guardar la cuarentena de los 14 días, en donde realmente empezó el infierno, porque me empecé a sentir muy mal, donde apareció la tos y la dificultad para respirar. Me evaluó la enfermera de turno y saturaba 86%, el médico pidió que me pusieran oxígeno y me trasladaran a la exPosta Central, que era el hospital de referencia de la residencia donde estaba. Llegué y al realizarme exámenes dieron cuenta de una neumonía multifocal producto del Covid-19, más encima este traslado fue justo el día de mi cumpleaños (risas). Continuando con la historia, al pasar las horas, mi estado de salud iba en franca decadencia hasta que fui trasladado a UTI, donde estuve conectado a ventilación mecánica no invasiva, que es aquella que permite respirar voluntariamente y te mantiene despierto. Aun así, con todo lo último se vieron en la necesidad de llevarme a UCI, aquí es donde me comenzaron a sedar pensando en la necesidad de conectarme esta vez a ventilación mecánica invasiva, es decir, a intubarme por unos 3 días mínimo.

Piero Rojas Orgullo

¿Y qué pasó?
Hasta aquí todo iba “bien” porque mi lado de kinesiólogo sabía en gran medida lo que me estaba pasando, la progresión y las eventuales estrategias para mejorar mi situación, por lo que miedo nunca sentí, aunque sabía que mi vida estaba en inminente riesgo. El calvario fue al despertar 3 días después de haber estado intubado. Con el tubo endotraqueal aun instalado, contenido de las 4 extremidades, sin poder hablar y muchas veces sin poder respirar por la acumulación de secreciones, en esos momentos fue cuando realmente sentí miedo de que podía entrar en paro cardiorrespiratorio y que mis colegas de turno no estuvieran ahí a tiempo para salvarme. Se puede decir que, durante la etapa de estar sedado completamente, vi la luz como popularmente se dice al vivir una experiencia cercana a la muerte, que fue una vivencia absolutamente increíble, que entrega paz, y me atrevería a comentar que, si eso significa morir, no es malo en lo absoluto.  Finalmente, me quitaron todas las conexiones que presentaba, desperté y poco a poco fui recuperándome para salir del hospital varios días después, sabiendo lo preocupada que tenía a toda una comuna que siguió mi caso y, en especial, a mis papás y mis amigos que lloraron e hicieron cadenas de oración y mandas para entregarme esa fuerza para salir de ese mal momento. Volví a trabajar un mes después, con el constante apoyo de todos los compañeros que tenían que ver con mi quehacer, para irme reintegrando poco a poco, sin tanta exigencia física ni presión por resultados. Hoy, después de exactamente un año de lo acontecido, me encuentro recuperado casi en un 80% ya que me desenvuelvo perfectamente en mi actividad laboral, pero aun siento las consecuencias tanto como en la voz, la garganta, y mi estado físico que me ha costado un mundo poder recuperar.

KINESIOLOGÍA Y MÁS

¿Por qué decidiste estudiar Kinesiología?
Decidí estudiar kinesiología porque a los 16 años tuve un desgarro del aductor mayor practicando fútbol, lo que me llevo a ser derivado a rehabilitación. Ahí fue cuando conocí un gimnasio de rehabilitación kinésica, donde quedé encantado con el equipamiento y forma de trabajar de los profesionales del lugar. Entonces, revisé las mallas curriculares disponibles y me llamó aún más la atención. Claro, que en ese momento aun desconociendo todas las áreas de desempeño como kinesiólogo.

¿Cuáles son tus sueños próximos en lo profesional y personal?
Actualmente me encuentro finalizando un diplomado de gestión de personas en salud familiar en la USACH, herramienta que pretendo ocupar para adentrarme en el mundo de la salud pública e ir adquiriendo experiencia y conocimientos para ser un granito de arena y aportar a la construcción de un cada vez mejor sistema de salud nacional. Con vistas al futuro, pienso al corto plazo embarcarme en un Magister de Salud Pública con nuestra Universidad si así la postulación lo permite, para continuar especializándome en esta área del conocimiento.